miércoles, 3 de junio de 2009

Los estrechos del Ebron



Dos pueblos de la baja sierra de Abarracín, Tormón y El Cuervo, a los que recientemente se les ha sumado un tercero, Alobras, son un ejemplo vivo de la dura situación que atraviesa el medio rural en Aragón.

Pocos confiaban, al principio, en el éxito que pudiera tener esta apuesta innovadora en materia de turismo.

Calzadas bien las botas, nos aproximamos hasta el cartel informativo del merendero de la fuente de El Cuervo para interesarnos por los pormenores de la ruta que vamos a emprender.

Los primeros pasos son rápidos y firmes por una excelente pista que remonta la feraz vega, fragmentada en antiguo parcelario.

Al cabo de la pista es el final de casi todo;del horizonte humanizado, de huertas faenadas, de campos abonados... y también para los que viajan en vehículo hasta la antesala de la garganta.

A partir de aquí y casi hasta Tormón, un cañón fluvio-cárstico se estira entre los páramos e interfluvios calcáreos que se derraman hacia el sur desde los Montes Universales.

La lámina de agua desciende serena, custodiada por altaneros cantiles.

Resulta difícil de imaginar, después de observar la dificultad de estos pasos, cómo, hasta no hace mucho, el correo se desplazaba de una localidad a otra a lomos de macho por este lugar.

Ala altura de una solitaria acerollera, los tres pueblos se funden en un solo mojón.

La incorporación de Alobras al proyecto turístico ha permitido la inauguración de un nuevo destino en la ruta.

Mas allá de la hoz del Cañamar, el sendero gana altura abandonando la fresca compañía de las aguas trucheras.

Estamos llegando ya a las postrimerías del camino y muy poco trecho nos resta por cubrir.

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