miércoles, 1 de abril de 2009

Caspe

El viajero que llegue a Caspe se sorprenderá de sus cuestas empinadas, callizos y callejones con escaleras salvando desniveles y se desorientará porque su trama urbana no es uniforme, sino el resultado de un acarreo de siglos y de culturas.

Así la ciudad que se inició en una colina, llamada La Muela, se fue extendiendo lentamente.

Hoy Caspe soporta en su rica trama urbana un no menos rico patrimonio monumental.

Por cierto que el viajero que a Caspe llegue no encontrará ningún parking público, ni privado, ni aún de los otros, pero es que tampoco encontrará fácilmente lo que más anuncia la propaganda turística; el Compromiso y el Mar de Aragón.

La colina de San Roque, rematando la morería, presume de su ermita y de singulares casonas del siglo XVIII.

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