miércoles, 4 de agosto de 2010

Primavera en Benasque

La floración de las plantas silvestres es para muchas personas la verdadera cara de la primavera.

Son muchos los rincones a los que se puede viajar en estas fechas en que empiezan a despuntar en los trigales las rojas amapolas, cantan los ruiseñores, caen las lluvias generosas y todo recupera el verdor perdido como si se tratara de un verdadero renacer de los montes y campos.
La primavera avanza silenciosa e inunda por completo muchos enclaves del Pirineo de Huesca, pero hay ciertos rincones donde la estación primaveral se presenta con una fuerza vital inusitada.
Ha comenzado el vivo festival de la renovacion.
En mayo ya encontramos azules gencianas, morados acónitos, blancos ranúnculos, amarillas azucenas pirenaicas, purpuras silenes, violetas campanillas, rosadas clavelinas y un largo etcétera.
Las primeras flores en despuntar sobre los prados y bosques habrán sido los narcisos, las hepáticas y los distintos tipos de primavera.
Decía un antiguo pirineista, mosén Jacinto Verdaguer, en uno de sus poemas sobre los Pirineos, que el valle de Benasque, visto desde el cielo, toma la forma de la hoja de un helecho gigante, con sus valles tributarios labrados en el relieve físico.
El valle de Estos, con sus verdes prados y bosques de abedul, abeto y pino negro, se exhibe como uno de los mas hermosos de La Ribagorza.
En primavera, cuando florecen los rododendros en masa y multitud de flores de toda clase de colores festonean los bordes del camino, este valle adquiere personalidad propia.

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